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Cuestionamientos

El futuro de la mayoría de la humanidad está ahora por primera vez en la historia, en las zonas en procesos de urbanización. Las cualidades de la vida urbana en el siglo XXI van a definir las cualidades propias de la civilización (D. Harvey, Mundos urbanos posibles). Es por eso que hoy más que nunca hay que trabajar en el reconocimiento y comprensión de los códigos de un entorno cada vez más diverso dentro de las regiones urbanas contemporáneas.

El objetivo de la comprensión y el estudio de los códigos urbanos actuales no se reduce a su pura imitación, sino al proceso para forjar una ciudad nueva entendiendo el pasado como una fuente de sugerencias acerca de cómo hacer que el futuro sea diferente (M. Gandelsonas, La ciudad como objeto de la arquitectura), en la búsqueda de proyectos que puedan ser más receptivos de las necesidades locales y particulares, y más prospectivos en el sentido global del entorno cultural mundial.

La historia nos deja entrever que los hombres no suelen cambiar de léxico cada vez que cambian de costumbres (M. Bloch en F. Choay, El reino de lo urbano y la muerte de la ciudad). La construcción mental que comprende usualmente la definición de ciudad obedece en gran medida a la ciudad decimonónica, densa y concentrada, en constante interacción con los suburbios. A lo largo del siglo XX y de manera exponencial en su segunda mitad, esa realidad ha ido transformándose en diversas direcciones creando nuevas relaciones espaciales y paisajes urbanos. Así mismo, la realidad se produce a través de los medios que utilizamos para acceder a ella y para abordarla. La arquitectura y el paisaje urbano son a la vez el medio y el resultado de la experiencia, para hacer de los no lugares, lugares; de lo informe, forma; de lo ininteligible, inteligible; de lo fluido, consistente (I. de Solá-Morales, Mediaciones en la arquitectura y en el paisaje urbano). En este sentido, esa relación tiene el compromiso de generar el espacio fértil donde desarrollar las cualidades de explotación intelectual y las licencias metodológicas de la arquitectura y el diseño urbano en provecho de la ciudad, dada la incapacidad que ha encontrado el proyecto arquitectónico de marcar la pauta dentro del desarrollo de las ciudades contemporáneas, pauta espacial con ella misma, pauta conductual y de representación con sus habitantes.